Preguntémonos la pregunta. Cuestionemos la eterna cuestión.
Disloquemos el mundo, palpémoslo con los ojos, pidiéndole lo imposible,
queriendo llegar más allá. Deseemos algo, a alguien, demos lo que tengamos,
caigamos, lloremos… ganemos.
La vida se vive. No se cuenta. Es tan inútil como beber
aire. Y no hay que molestar al aire de su función.