Suelo ser poco positivo cuando escribo. También creo que uso
un estilo bastante poco amigable, normalmente basado en ideas que se me ocurren
en el momento y que ni yo mismo puedo llegar a descifrar completamente pasado
un lapso de tiempo no demasiado largo. Y me repito un poco. Será que no he
cambiado mucho.
Diría que lo primero se debe a la facilidad. Es fácil
comunicar lo positivo, suele ser algo compartido, con un trasfondo social. La
necesidad de expresarlo casi se sacia con el hecho en sí, pues es natural no
retenerlo. Sin embargo, es difícil hablar de lo negativo. O de lo rebuscado,
más bien. No es sencillo de transmitir, no es cómodo y desde luego puede no ser
tan gratificante si no se logran los objetivos. Precisamente de ahí nace la
necesidad. Al menos la mía.
Poco puedo argumentar a lo segundo, soy rebuscado por naturaleza.
Escribo para mí, y me gusta darle un par de vueltas más de lo necesario a todo
cuando se trata de cosas propias, aunque obviamente luego lo comparta. Más o
menos.
Y me repito. Ya lo creo que lo hago. Iba a escribir
acordándome de más de uno otra vez, aunque no se note. Aunque parezca otra
cosa. Pero aquí estoy, dando un tutorial un tanto inservible para comprender lo
que escribo. O parte de ello.