lunes, 19 de septiembre de 2016

Vuelta adelante

No creo que mis memorias puedan llegar a ser de mucho interés. Quizás se deba a mi falta de ímpetu por destacar. Pero sí creo que merecen la pena mis razonamientos.

Por regla general, cada persona es consciente de su ser, de su vida. Es tanto un espacio privado como una jaula, pues estamos confinados en nosotros mismos. No se puede ser otra persona, no se puede saltar de mente en mente. Cualquier escenario figurado, cualquier planteamiento que involucre receptores externos, está basado en la suposición de la igualdad, de ciertos hechos aceptados. Son aquellos sobre los que ni siquiera se llega a conjeturar, ya que la misma razón tiende a obviarlos.


Este “lapsus social” tiene un mayor peso al hablar de impresiones. De pequeños matices, nimiedades de la vida banal, que se convierten en el esqueleto de la espiritualidad. No poder sacar conclusiones de impacto de una creación sobre alguien es el primer reclamo que tengo para crearlo. Que la abstracción no derive en escasez es prácticamente un deber, un deber imposible de comprobar, ya que el empirismo sentimental está, y estará, atado al ser al que pertenece.