Tiempo ha pasado, sin una premiante necesidad de escribir, de decir nada. No es estabilidad, es... indiferencia. Las cosas no tienen que cambiar, pero si lo hace el punto de vista, o la forma en que son abordadas, la variación es segura.
Hacía falta un cambio de aires para, al volver, saber vivir lo mismo de una forma algo más matizada. Como el toque del maestro que remata la obra, que le da ese pequeño giro. Afrontemos, pues, una etapa, una continuación, con algún cambio, sin tocar la base.
Los puños sangrarán igualmente, mientras los días pasan.
miércoles, 29 de febrero de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
2.0
Lleno de preocupaciones, de miedos, de inseguridad, de sensaciones... filosofando, pensando acerca de lo que me tenga pendiendo de un hilo, tratando de buscar una salida ante la oscuridad, de alcanzar la cima, de ser capaz de intentar cualquier cosa y no quedarme quieto, maldiciéndome...
...y al final, me veo reducido a nada, insignificante, ante lo que siempre me supera. Por eso adoro la música.
...y al final, me veo reducido a nada, insignificante, ante lo que siempre me supera. Por eso adoro la música.
To Live Is To Die.
When a man lies
He murders some part of the world.
These are the pale deaths
Which men miscall their lives.
All this I cannot bear
To witness any longer.
Cannot the Kingdom of Salvation
Take me home?
Clifford Lee Burton.
Tenía que dedicarle una entrada a mi poema favorito, a su vez letra de una de mis canciones predilectas: To Live Is To Die - Metallica.
He murders some part of the world.
These are the pale deaths
Which men miscall their lives.
All this I cannot bear
To witness any longer.
Cannot the Kingdom of Salvation
Take me home?
Clifford Lee Burton.
Tenía que dedicarle una entrada a mi poema favorito, a su vez letra de una de mis canciones predilectas: To Live Is To Die - Metallica.
lunes, 6 de febrero de 2012
Egoísmo, debilidad y cobardía.
Nunca he ansiado nada demasiado descabellado. Jamás me he planteado tener que aplastar a nadie para conseguir lo que quería. Pero mi vida se vuelve en contra de mí, cuando me ve solo, indefenso ante ella. Por eso busco refugio en los demás, por eso odio estar solo.
17 años me forjan. Una vida en absoluto desperdiciada, que difícilmente cambiaría. Han sido momentos tras momentos, canciones tras canciones... y personas. Permanentes, cambiantes... como la vida misma. Esa que gira en torno a mí, pues, al fin y al cabo, todo lo que quiero se enfoca a mí. Soy egoísta, para mí y para mi circunstancia. Intento que mi beneficio conlleve el de todo lo que me rodea.
No suelo tomar mis consejos para mí mismo, al igual que no leo lo que escribo cuando acabo de escribirlo. Una decisión permanente por una sensación momentánea es idiota, pero humano. No voy a intentar superar la vida que me domina, pero acotaré sus normas a mi gusto, mientras pueda. Y mientras escribo esto, la ironía de mi existencia se ríe de mí, dentro de mí. Nada cambia con esto. Nadie me entenderá totalmente, tal vez ni yo mismo. Seguiré igual después de escupir lo que tenga dentro, pues lo hago ante mí, y de poco me sirve, realmente. Aun egoísta, demasiado cobarde para actuar de forma contundente. Será que me refugio en la estabilidad, la que tengo por una parte, y la que ansío por otra. La calma no amaina la tempestad por si sola.
No necesito un cambio de aires. Necesito que los mismos aires me cambien a mi, a mi modo de ver las cosas, que es el mismo desde hace Dios sabe cuanto. Estoy cansado de no saber que decirle a la vida, y de que ella pase de mí, como si no estuviéramos ligados. Cansado de una indecisión tediosa, de dos partes, estable e inestable, que abultan aún más las diferencias de situaciones. De un negro blancuzco que me rodea. De no saber encontrar las palabras cuando no las necesito, pero creo necesitarlas. Harto de no saber expresarme abiertamente, de envidiar y de no conseguir.
Lo único que creo haber aprendido es a valorar los malos momentos; necesito odiar para poder darme cuenta de quien soy y de lo que quiero. Aprovecha los declives, te dirán qué eres.
17 años me forjan. Una vida en absoluto desperdiciada, que difícilmente cambiaría. Han sido momentos tras momentos, canciones tras canciones... y personas. Permanentes, cambiantes... como la vida misma. Esa que gira en torno a mí, pues, al fin y al cabo, todo lo que quiero se enfoca a mí. Soy egoísta, para mí y para mi circunstancia. Intento que mi beneficio conlleve el de todo lo que me rodea.
No suelo tomar mis consejos para mí mismo, al igual que no leo lo que escribo cuando acabo de escribirlo. Una decisión permanente por una sensación momentánea es idiota, pero humano. No voy a intentar superar la vida que me domina, pero acotaré sus normas a mi gusto, mientras pueda. Y mientras escribo esto, la ironía de mi existencia se ríe de mí, dentro de mí. Nada cambia con esto. Nadie me entenderá totalmente, tal vez ni yo mismo. Seguiré igual después de escupir lo que tenga dentro, pues lo hago ante mí, y de poco me sirve, realmente. Aun egoísta, demasiado cobarde para actuar de forma contundente. Será que me refugio en la estabilidad, la que tengo por una parte, y la que ansío por otra. La calma no amaina la tempestad por si sola.
No necesito un cambio de aires. Necesito que los mismos aires me cambien a mi, a mi modo de ver las cosas, que es el mismo desde hace Dios sabe cuanto. Estoy cansado de no saber que decirle a la vida, y de que ella pase de mí, como si no estuviéramos ligados. Cansado de una indecisión tediosa, de dos partes, estable e inestable, que abultan aún más las diferencias de situaciones. De un negro blancuzco que me rodea. De no saber encontrar las palabras cuando no las necesito, pero creo necesitarlas. Harto de no saber expresarme abiertamente, de envidiar y de no conseguir.
Lo único que creo haber aprendido es a valorar los malos momentos; necesito odiar para poder darme cuenta de quien soy y de lo que quiero. Aprovecha los declives, te dirán qué eres.
viernes, 3 de febrero de 2012
Cierre.
A veces me siento impotente. Impotente por sentir como algo consigue hacerme sentir pleno, y no saber plasmarlo, compartirlo. Por ese escalofrío constante que me gustaría que cada persona pudiese sentir, al igual que yo lo hago.
Valoramos mucho aquello que nos hace sentir bien. En parte, sabemos que las demás personas nunca llegarán a sentirlo de la misma forma que nosotros. Pero la acción de compartirlo, y que otra persona te quiera acercar su mundo, eso, no tiene palabras.
Valoramos mucho aquello que nos hace sentir bien. En parte, sabemos que las demás personas nunca llegarán a sentirlo de la misma forma que nosotros. Pero la acción de compartirlo, y que otra persona te quiera acercar su mundo, eso, no tiene palabras.
jueves, 2 de febrero de 2012
Soldado de vida.
Sin voces de fondo. Sin banda sonora. La vida transcurre sin darnos cuenta de lo que verdaderamente hacemos en ella, sin pensar que lo nuestro no son más que pequeñeces, que se unen para completarnos. Para formarnos.
No soy nadie sin un escalofrío que me recuerde lo que verdaderamente es sentir algo. No soy nadie, si no me noto lleno, inspirado, e insignificante. No busco sino saber apreciar lo que tengo, lo que siento, sea bueno o malo, pues algo lo provoca. Algo que me importe realmente. Soy, pues, cobarde.
En honor de todos aquellos que dieron su vida sin preocuparse por cumplir o no sus metas.
No soy nadie sin un escalofrío que me recuerde lo que verdaderamente es sentir algo. No soy nadie, si no me noto lleno, inspirado, e insignificante. No busco sino saber apreciar lo que tengo, lo que siento, sea bueno o malo, pues algo lo provoca. Algo que me importe realmente. Soy, pues, cobarde.
En honor de todos aquellos que dieron su vida sin preocuparse por cumplir o no sus metas.
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