Soy un analista empedernido, aunque con pobre resultado
en cualquier cuestión ligeramente variable. He perdido mucho tiempo así, o al
menos eso quiero creer, pues viene de tan lejos que ni siquiera recuerdo con
claridad. Y aunque tengo voluntad de aprender tengo un paradójico empeño en no
equivocarme, y si lo hago, comienzo a torturarme sin ningún aprovechamiento.
Tengo mi propia concepción de las razones de esto, por
supuesto, lo que no quiere decir que sepa cómo poder cambiarlo. Últimamente empiezo
a instruirme un sentimiento de obligación, por una compasión un tanto irónica
hacia mí mismo. No sabría decir si funciona. Mi paz mental no parece notarlo
mucho, aunque al menos mantengo a mi conciencia aliviada. Eso si no la destrozo
completamente por otro lado, claro.
No sé si la tortura mental a la que me someto me destrozará,
me hará más fuerte o simplemente me volverá apático. El tiempo lo dirá. Y si
necesito un cambio de enfoque, me abstraeré, echando mano de mis drogas
personales, y volveré a empezar. Siempre vuelvo.