lunes, 21 de enero de 2013
domingo, 20 de enero de 2013
Sin vuelta.
Negro. Como cuando escuchas lo que esperas oír, de quien
nunca creerías que lo diría. Como cuando piensas que nada es como debería, que
las vidas son flechas opuestas que nunca vuelven a sí mismas. Como mirar a un
espejo, esperando que la imagen cambie sola.
Hoy era un día para jugar a no vivir. Pero fue un día,
donde se aprendió que jugar, no es solo para niños.
domingo, 13 de enero de 2013
Inconsciencia.
Ya no sé lo que hacer. No sé qué camino tomar, no sé qué
llevar, no sé nada. ¿No se supone que cuanto más se vive, más se sabe? Encima
la vida pretende marearme. Y lo está consiguiendo. A este paso, pronto dejaré
de saber cómo pensar. Me olvidaré de caminar, y me arrastraré detrás de mí
mismo. Buscando lo que ya no existe, porque posiblemente, nunca existió.
Preguntas sin fundamento. Situaciones puntuales que
desembocan en una pura tragicomedia. Aunque sigo sin ver la parte de la comedia…
martes, 8 de enero de 2013
Frío.
Un mínimo de… gentileza. Savoir être, le dicen los
franceses. Mantener un poco de cortesía, aunque sea por dignidad. Pero ni
dignidad parece tener la gente. La gente va a su puta bola, rodeándose de más
gente, que no personas, sino gente, que viven aun más en su mundo. A los demás,
que les den. Sonreír y despachar. A veces, ni sonreír. Y luego vienen con cara
de falsa amabilidad, recordándote como bueno todo lo que te jodieron, para que
encima tengas que estar agradecido. Y ¿para qué? Para que les ayudes a que
sigan creándose un mundo más grande, donde te puedan joder más y más veces.
Ni dignidad, ni decencia. Con los ojos blancos de tanto
mirar hacia dentro. Me estoy empezando a
cansar de la gente… y no veo personas cerca.
lunes, 7 de enero de 2013
Uno.
Las palabras están muy bien. Muy bonitas ellas, sí.
Dichas, que no entendidas, por mentes incoherentes, como si fueran, solo eso,
palabras. Dejándolas caer en el vacío, como si no valieran nada. No se gastan,
¿verdad? Se pueden volver a decir, para arreglar mentiras, para dar esperanzas
y romper hasta ideales. Incluso percepciones.
Cada uno suele tener lo que se merece por lo que dice. Y
los que no hablan, al menos no demasiado, no son los que no tienen nada. Más
bien al contrario.
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