A lo largo de mi vida me he ido preocupando de muchas
cosas. De cosas filosóficas, filosóficas para mí (no leía a Nietzsche con 9
años, la verdad). El futuro y la muerte son dos de mis pensamientos habituales
desde hace ya bastante tiempo. Últimamente más el futuro que la muerte. Será
que me hago mayor.
Cambio relativamente poco conforme pasa el tiempo. De forma
de pensar, quiero decir. De lo que puedo definir como mi enfoque personal hacia
el transcurso de mi vida y como la voy aprovechando en cada momento. Y me da
que cuanto más tiempo pasa, menos parece que ha pasado. Ciertamente, me
preocupo bastante poco de cosas que deberían ser acordes a la edad que tengo, y
no encuentro demasiada motivación para un futuro en el que voy a tener que
madurar forzosamente si la madurez no va viniendo por sí sola. Que de momento
no asoma, vaya.
Las soluciones a priori están muy bien, pero no puedes
chasquear los dedos y tener 35 años y ver cómo te administras con lo que habías
pensado hacer, y no digamos ya volver a los 20. El “aprovecha ahora, que son
los tiempos buenos” puede ser o no extensible a lo largo de la vida. Espero que
sí, porque si no lo veo difícil. O bastante aburrido al menos, que viene siendo
lo mismo.
¿Tan malo es que sea aburrido? Depende. Los libros
antiguos, las películas nos cuentan que la gente ha tenido muchos objetivos
para su vida a lo largo de la historia. Ser recordados, quieren muchos. Ayudar
a la gente, dejar huella, marcar época. Algunos de ellos lo consiguieron, y por
eso los conocemos. Pero estoy seguro de que muchos quisieron cosas más simples,
gente anónima que simplemente trataron de vivir una vida plena para ellos
mismos, sin importarles mucho el recuerdo que a la larga quedase de ellos.
Ahora mismo yo soy algo más egoísta que eso. No digo que
lo otro lo sea, solo comparo. No puedo detener el tiempo fuera de mí, pero
puedo hacerlo dentro (en sentido figurado, vaya).
Me dedicaré a intentar que eso ocurra en la medida de lo
posible. Hasta que lo siga queriendo. Hasta que tenga que preocuparme más de “cosas
de adultos” necesarias para vivir, que de descubrir cosas que me hagan querer
seguir en mi línea. Y cada vez son más.
Seguro que todos querríamos saber si hicimos lo correcto,
si aprovechamos nuestra existencia. No arrepentirnos de mucho. Yo ya lo hago de
algunas cosas. Voy a aventurar que eso solo lo sabremos cuando nos estemos
yendo. Espero no equivocarme. Lo que es seguro es que seguiré pensando en ello.
Como siempre.