lunes, 22 de diciembre de 2014

Treinta y uno.

Que la facilidad de la queja predomine sobre una mezcla entre la autosuficiencia, la realización propia y cualquier cosa que consigamos, o no consigamos pero obtengamos algo al intentarlo, nos dice varias cosas. Marca inequívocamente a los inútiles, a los presuntuosos y a los faltos de criterio. Deja ver las carencias básicas de cada uno, y sobre todo, acaba demostrando quién sirve para algo.

Lo fácil es exigir palomitas para acompañar una cerveza mientras nos tumbamos en el sillón. Lo difícil no es ir a por ellas, es plantar el maíz. Y recogerlo.

martes, 9 de diciembre de 2014

Fuego.

Me gusta el contraste. Me gusta ser partícipe de él. Me gusta creer que lo domino, aunque sepa que no es cierto. Aunque sepa que me domina.

Es hora de contrastar el contraste.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Lecciones.

Busco algo importante para mí, e intento enseñármelo. Busco con moderada desesperación la perfección que me permita obtener cosas. Cosas que he aprendido.

sábado, 26 de julio de 2014

No me juzgues por mi título.

En esta parrafada cuento cosas que posiblemente no te interesen. ¿Por qué lo escribo? Buena pregunta.

A lo largo de mi vida me he ido preocupando de muchas cosas. De cosas filosóficas, filosóficas para mí (no leía a Nietzsche con 9 años, la verdad). El futuro y la muerte son dos de mis pensamientos habituales desde hace ya bastante tiempo. Últimamente más el futuro que la muerte. Será que me hago mayor.

Cambio relativamente poco conforme pasa el tiempo. De forma de pensar, quiero decir. De lo que puedo definir como mi enfoque personal hacia el transcurso de mi vida y como la voy aprovechando en cada momento. Y me da que cuanto más tiempo pasa, menos parece que ha pasado. Ciertamente, me preocupo bastante poco de cosas que deberían ser acordes a la edad que tengo, y no encuentro demasiada motivación para un futuro en el que voy a tener que madurar forzosamente si la madurez no va viniendo por sí sola. Que de momento no asoma, vaya.

Las soluciones a priori están muy bien, pero no puedes chasquear los dedos y tener 35 años y ver cómo te administras con lo que habías pensado hacer, y no digamos ya volver a los 20. El “aprovecha ahora, que son los tiempos buenos” puede ser o no extensible a lo largo de la vida. Espero que sí, porque si no lo veo difícil. O bastante aburrido al menos, que viene siendo lo mismo.

¿Tan malo es que sea aburrido? Depende. Los libros antiguos, las películas nos cuentan que la gente ha tenido muchos objetivos para su vida a lo largo de la historia. Ser recordados, quieren muchos. Ayudar a la gente, dejar huella, marcar época. Algunos de ellos lo consiguieron, y por eso los conocemos. Pero estoy seguro de que muchos quisieron cosas más simples, gente anónima que simplemente trataron de vivir una vida plena para ellos mismos, sin importarles mucho el recuerdo que a la larga quedase de ellos.

Ahora mismo yo soy algo más egoísta que eso. No digo que lo otro lo sea, solo comparo. No puedo detener el tiempo fuera de mí, pero puedo hacerlo dentro (en sentido figurado, vaya).
Me dedicaré a intentar que eso ocurra en la medida de lo posible. Hasta que lo siga queriendo. Hasta que tenga que preocuparme más de “cosas de adultos” necesarias para vivir, que de descubrir cosas que me hagan querer seguir en mi línea. Y cada vez son más.

Seguro que todos querríamos saber si hicimos lo correcto, si aprovechamos nuestra existencia. No arrepentirnos de mucho. Yo ya lo hago de algunas cosas. Voy a aventurar que eso solo lo sabremos cuando nos estemos yendo. Espero no equivocarme. Lo que es seguro es que seguiré pensando en ello. Como siempre.

lunes, 9 de junio de 2014

¿Raro?

Suelo escribir con palabras lanzadas al aire, como si fueran dichas sin más. Es estilo, comodidad más que otra cosa. Pero se puede decir algo de muchas maneras, y eso en sí también influye. Y sinceramente, mi forma de hablar, de vivir, debe ir bastante en mi contra.

¿Cuánto se tarda en cambiar cada estrofa de la vida?

domingo, 6 de abril de 2014

domingo, 23 de marzo de 2014

Viento.

Me concedo poco. Pocos tributos al alma, al ser que tengo que conocer. Le concedo poco al debate entre mente y hacer, entre alma y hueso.


Preguntémonos la pregunta. Cuestionemos la eterna cuestión. Disloquemos el mundo, palpémoslo con los ojos, pidiéndole lo imposible, queriendo llegar más allá. Deseemos algo, a alguien, demos lo que tengamos, caigamos, lloremos… ganemos.

La vida se vive. No se cuenta. Es tan inútil como beber aire. Y no hay que molestar al aire de su función.

domingo, 2 de febrero de 2014

Febrero.

Días duros. Días en los que he llegado a pensar cómo es posible que el mundo no esté loco de remate, con todo lo que se le viene encima. Con la inmensidad de lo que nos rodea y lo que nos aguarda, en comparación con nuestra insignificante estancia en un mundo caótico. Con el cambio constante y los duelos internos, o externos.


No sé quién soy. No sé hacia dónde voy. No sé de dónde vengo, qué he hecho, o con quién estoy. Soy menos que una sombra proyectada en el vacío. Soy menos que nada. Soy una pregunta hacia dentro, que aún no ha encontrado respuesta. Soy una búsqueda, un intento entre mil millones, un alma descarriada. Soy un querer. Un querer ser.