Vivimos en un mundo de hipocresía, de sonrisas con trasfondo, de manos falsas, que no ayudan sino a caer, de palabras, ¡palabras!, contradictorias, hirientes, vacías... vacías como las almas, como las personas, ciegas, que solo miran hacia dentro y lo ven todo demasiado vacío. No importa como, hay que llenar, seguir alimentando esa bestia, esa horrible bestia llamada ego, con sueños y sangre ajenos, pues ¡¿qué más da todo, si tenemos lo que queremos?! Sembramos asco para recoger desprecio, desprecio...
Y al final, la bestia se volvió contra nosotros, nos recordó que no somos más que escoria... demasiado tarde. La mirada vacía de un muerto, muerto por avaricia, congelado como su triste sonrisa, te hará ver qué has sido, y qué serás.
duro, y a la vez... muy cierto
ResponderEliminarCreo que el día que escribí esto estaba algo cabreado. Pero bueno, se suelen decir más verdades así, o al menos eso creo yo.
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