No quiero caer en la trampa social que asfixie mi
libertad. Quiero, paradójicamente, ser útil a los instruidos por las casposas
masas que alzaren sus dedos sin reparo, pues busco tranquilidad de conciencia
en ambos extremos, aun cuando no me sirva de nada.
Me duele ver como el hombre puso precio a Dios, lo llenó
de galas, lujos y paz y le dio un lugar bien conocido por solo algunos. Yo de
momento compraré el mío, a mí gusto, mientras intento tener valor para abrir
los ojos y sostener la mirada.
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