Podría decirse que la vida va por partes, por etapas. Como
las capas de una cebolla, de arriba a abajo, de bien a mal. Se empieza sin
conocer donde estamos, sin saber quien somos, qué es qué, quién es quién… Y
cuanto más avanzamos, peor se nos ponen las cosas. ¿Quién tenía más
preocupaciones con cinco años que con veinticinco?
Es como si empezásemos en el séptimo cielo, y fueramos
bajando lentamente al más profundo de los infiernos. Sin darnos cuenta.
¿Alternativas? Ojalá.
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