Brindemos. Por la desesperación, por el deseo de lo
imposible, por el deseo de intentar, el deseo de ver, de probar, de jugar.
¿Jugar a sufrir? No es ninguna tontería. Quizás más personas de las que
pensamos darían un brazo por poder apostar el otro. El juego no engancha al
perdedor, porque no sobrevive, ni al ganador, porque es frío. Llama a quien no
juega, a quien ansía en la sombra, y ve como los demás… viven.
Brindemos… con cianuro. Por la libertad.
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