miércoles, 19 de diciembre de 2012

Own

- ¿Qué tal si hacemos un pequeño juego?
+ Bueno, ¿por qué no? Solo espero que no sea muy pesado...
- Nah, no te preocupes. No nos llevará más de cinco minutos. Solo tendrás que pensar un poco.
+ Está bien.
- Vale. Quiero que pienses una letra. ¡No me la digas!
+ ¡Ya!
- ¡No, no, no! Tranquilidad. No la elijas a la ligera. Ve una por una. Fíjate en ellas, míralas bien.
Que sea bonita, que te guste. Tómate tu tiempo.
(...)
+ Ahora creo que sí.
- Relaciona tu letra con un número. La A es el uno, la B es el dos, y así.
+ Déjame ver... bien, ya está.
- Ahora ese número es tuyo.
+ ¿Mío? ¿Cómo que mío? Si los números no son de nadie...
- Por eso. No son de nadie, pero también son de todos. Y ese es tuyo ahora.
+ ¿Y qué hago con él? ¿Qué significa?
- Tranquilidad... no hagas nada. Nada especial. No significa nada. O lo significa todo. Es tu número,
así que hace lo que quieras. Puede ser una forma de pensar. Algo presente, algo que veas día a día, algo que odies, que te atraiga, que compartas con alguien, o no. Ese, ahora mismo, es tuyo.
+ ¿Y si no se lo que hacer con él?
- Recuerda que es un número. Hace cosas de números. Siempre puedes guardarlo, y sacarlo más tarde. No caduca.

2 comentarios:

  1. si sustituyo la palabra "número" por "vida" creo que me doy cuenta que mas de uno no somos dueños ni siquiera de nuestra propia vida, se nos escapan las riendas...

    ResponderEliminar
  2. Solo si fueramos dueños de todo lo que pensamos...

    ResponderEliminar